martes, 1 de diciembre de 2020

Yo, que he sobrevivido a tornados y erupciones de volcanes, a meteoritos y ciclones y he bailado con el caos bajo la lluvia en el ojo del huracán. Que he cruzado desiertos yermos y he vagado en periplos de mares muertos hasta volver al origen, a mi centro, para hacerlo arder. Que he visto convertirse mi sangre en hielo en eras glaciales y chocarme de frente contra mil y un icebergs. Y he saltado al vacío hasta hacerme volar por los aires sólo para volver a eclosionar. Que he tropezado con un millón de piedras y, a veces, incluso, un millón de veces con la misma y me he estrellado contra la pared. Yo, que he vivido mil vidas y ninguna, pensaba que ya no habría nada, ni nadie que me hiciera tambalear y, sin embargo, ya ves, fue tocarte a ti y comenzar a temblar.

martes, 17 de noviembre de 2020

Los domingos dejaron de ser tristes en cuanto hicimos los lunes nuestros. Nos adueñamos del cielo, pero sobre todo, del mar. Tan tuyo y tan mío. Tan de nosotras. Que éramos dos olas que aparecían rompiéndose en la orilla cuando nos echábamos de menos, pero también, cuando queríamos volver a encontrarnos a solas. 

jueves, 12 de noviembre de 2020

Juré que jamás volvería a intentarlo. Y regresé a la guerra por ti, Helena, por llevarte conmigo de Troya. Y salí ardiendo de Roma por quemarme contigo. Ahora estoy más triste que París cuando se incendió Notre Dame. Y eso que siempre supe que no eras libre, aun así salté al vacío desde este precipicio como si fuese posible caer de pie. ¿Cómo no iba a merecer la pena el vértigo? ¿El vuelo? Migré a donde estabas tú y te miré. Tenías los ojos de mar, azul prusiano, los labios de sal y quise naufragar entre tus aguas. Perderme para siempre y que nadie me encontrase. Solo tú a solas. Tú y yo solas. ¿Cómo olvidar lo que me has recordado? ¿Cómo matar lo que has revivido? Nada volverá a ser lo mismo. Y mira que la intensidad siempre fue lo mío. Que sé más de electricidad y escalofríos que cualquiera, de pasar noches en vela y de besar hasta llegar debajo de la piel. Y sin embargo, me pillaste por sorpresa, con tu música y tu sonrisa, y esa forma de ponerte seria, de reír y llorar a la vez. Quise llegarte donde nadie te ha llegado, anclarme en lo profundo, tan hondo que nunca pudieras sacarme a flote porque sumergirme en ti, en la inmensidad de tu Pacífico, me llena de calma. 

jueves, 5 de noviembre de 2020

No hay quimeras, filosofía ni ciencia, que consigan transformar lo imposible en posible. No hay poesía o metafísica para hacer la utopía, factible, ni para salvarnos de lo inefable. Subimos tan alto que llegamos a las nubes, y cuando llegó el otoño y comenzó a llover, lo nuestro, empezó a hacer aguas. Se formaron grietas y goteras por mi cuarto, y empezó a caer la imposibilidad por las paredes y por el techo, como un goteo constante imposible de ignorar, calándonos hasta los huesos. Helándonos de frío.

Me dan miedo las alturas, me dan pánico. También las metafóricas. Y sin embargo, quiero saltar al vacío contigo. Aunque no sepa qué me encontraré en el suelo, mereces el salto y la pena. Lo supe cuando cruzamos nuestra mirada entre tantas miradas que no dicen nada. Sin que nadie lo supiera, nosotras sí. Me diste la mano y me cogiste el corazón. Me abrazas y es como si me acomodaras por dentro, todas esas partes rotas. Yo que siempre he estado en guerra, he descubierto que cabe toda la paz mundial en el espacio de tu cuello. Eres un mar en calma y aún así, me llenas de olas. Y yo quisiera llenarte de primeras veces. Pero me atas de manos y me quedo impasible ante lo imposible. ¿Qué hacemos con la magia? ¿El viejo truco de hacerla desaparecer? Me miras fijamente a matar y yo me muero. Cuando me dejas sin palabras, se me escapan todas aquellas que nunca supe pronunciar como si me hubieras enseñado un lenguaje nuevo. Un mundo nuevo. Como si siempre hubiera conocido el tuyo. 

miércoles, 14 de octubre de 2020

O es así o no lo quiero. Y aunque tarde, al final, siempre lo consigo.  Tengo la magia en un bolsillo desde que estoy contigo, la suerte, en el otro lado. Tienes lágrimas de mar y cuando lloras, me ahogo. Aunque sea de felicidad. La felicidad tiene algo de tristeza previa. Como la mía, antes de que aparecieras. Desde que nos decimos esas dos palabras, no puedo callarme, has abierto la jaula de todas las cosas que me guardo, de todo lo que he reservado para cuando llegaras. Y menos mal que lo has hecho. Es tan raro pensar que he pasado toda mi vida sin conocerte, y de repente, te has convertido en el centro. Como si todo el mundo girara en torno a ti. Y ahora, yo también. 

miércoles, 7 de octubre de 2020

No sé qué me has hecho. Pero contigo se me escapan los suspiros y las palabras. Esas que siempre me dio tanto miedo decir. Se encadenan y se alinean solas para que las pronuncie. Las tengo en la punta de la lengua y cuando me besas, se hace inevitable. Lo nuestro es inevitable. Eres un sol y me tienes eclipsada. Me has dado tan fuerte, tan rápido, que no me ha dado tiempo a reforzar el muro, todo este escudo que me había impuesto, que me había creado. Y has entrado dentro. De mí. Cada segundo estás en mi cabeza. ¿Cómo no voy a enamorarme de ti, si la primera vez que nos abrazamos fue como si todos estos años nos hubiéramos echado de menos? Como si hubiese estado mucho tiempo fuera y por fin hubiera vuelto. Tienes un hogar contigo porque allí donde estás me siento en casa. Tienes un olor a felicidad, a qué bonita es la vida y qué suerte encontrarnos. No me lo explico, pero es que tampoco necesito preguntarme. Es tan de película que debe ser real. Que debe ser. Que es muss sein. Me das tanto vértigo... pero de ese de querer caer, dentro de ti. Me has recordado algo que había olvidado, has despertado todo aquello que estaba dormido.

lunes, 28 de septiembre de 2020

No sé cómo has aparecido. Así de repente, y desde entonces, tengo una sonrisa que une continentes: de lado a lado. Desde entonces, no duermo, pero te sueño despierta. Y también te vivo, que es mil veces mejor. Estás invadiendo todos los espacios, incluso a mí. Estás rompiendo todas las barreras, los obstáculos. Lo estás haciendo tan fácil que no entiendo porqué antes me resultaba tan difícil. Es justo como esperaba: inesperado, natural, fluido. Eres justo como esperaba: imperfectamente perfecta. No me lo creo la mitad del tiempo. La otra mitad, no lo asimilo. Te miro y pienso: ¿cómo has llegado hasta aquí? ¿De dónde has salido? No sé porqué yo, ni qué has visto en mí. Pero nunca dejes de mirarme de esa forma. Contigo no marco el ritmo, no calculo las horas, no controlo el lugar, no necesito espacio. Contigo siempre quiero un poco más, siempre te echo un poco de menos, incluso cuando estás, los últimos 5 minutos antes de irte. Debería estar prohibido despedirnos. Es inhumano. Estoy rendida, no hay nada que hacer, no voy a fingir, no lo voy a ocultar. Te cedo el poder de hacer conmigo lo que quieras.

domingo, 27 de septiembre de 2020

Estar contigo es como sujetar una bomba entre las manos sin saber cuándo explotará. Es lanzarme al vacío sin saber cuándo llegará el suelo.


Pero merece el miedo.

sábado, 19 de septiembre de 2020

"Es como si te conociera de toda la vida", así resumes eso que me has hecho en un par de días. Has sido un relámpago, silencioso, iluminador. No podría haberte visto venir. Y en cambio, ahora parece que todo eran señales. Te he encontrado en el lugar más lejano, más remoto: justo aquí mismo. Yo, que ya estaba dando la batalla por vencida, que no te esperaba, ni lo esperaba. Que pensaba que nunca volvería a sucederme. Y llegas tú con tus "sí", y me haces entender porqué con otras no. Y sustituyes las excusas por valentía, el miedo por ganas, la ansiedad por adrenalina. Has venido a mi cuarto para cambiar las cosas de sitio: la soledad para los libros, la tristeza a un cajón. Joder. No lo sabrás, porque no te lo voy a decir, porque no te lo voy a leer. Pero menuda euforia, menuda utopía. No es que no me lo crea, es que es increíble. La búsqueda llevaba tu nombre. La comodidad está entre tus brazos. La belleza de nuestra rareza. No tengo nada que perder, me da igual cuánto dure, no es que vayas a dejar huella, es que ya has formado un cráter.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

A lo peor,

el amor no es para quien cree,

sino para quien lo crea.

sábado, 29 de agosto de 2020

¿Cómo ibas a volver para abrazarme,
si te convertiste en la venus de Milo? 

Ojalá hubiéramos sido algo diferente, diferente a lo común, a lo establecido. No hubiéramos seguido esa norma no escrita que dice que dos personas que se unieron, pero que no pudieron, no supieron o no quisieron seguir juntas deben dejarse atrás como si fuésemos un objeto del cual uno se deshace. El olvido nos despersonifica, nos roba algo que es nuestro: una parte de nosotros, de nuestra historia. Yo hubiera querido tenderte mi mano, no para que volvieras a besarla, sólo por si alguna vez la necesitas para sujetarte. Hubiera querido seguir escuchándote hablar de las cosas que llevas dentro y quizás contarte yo sobre aquellas que, creo, sólo me entendías tú. Quererte sin necesitarte fue la forma más bonita que tuve de quererte. Quiero decir, que no necesitaba que hubiera amor romántico entre tú y yo, no fue por lo que me dabas: sino por lo que eras. Ojalá tú me hubieras correspondido de esa forma. Pero nunca viste a la persona. 

Una vez al mes, me acuerdo de ti, tan fuerte, que pienso que el tiempo es una unidad de medida diferente en mi idioma. Entonces, mientras me duermo, quiero alargar la mano hasta llegar a la que era tu cama como si aún estuviese la tuya, esperándome. Quizás no te olvide, porque por este exceso de memoria nunca me olvido del todo de nada o quizás porque el amor para mí es otra dimensión. Ya lo sé: qué bien se me da la teoría y qué mal la práctica. Entiéndeme, nunca tuve mucha experiencia. Fuimos dos aviones que despegaron del mismo lugar, pero que, cuando llegaron las turbulencias, aterrizaron en sitios diferentes. En definitiva, estoy llena de metáforas, ojalá tú no hubieras sido sólo una de ellas. 

domingo, 16 de agosto de 2020

Yo también he sido tren.


Y he pasado más de una vez

si allí he sentido.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Ojalá cada vez que veas pasar una estrella fugaz

cierres los ojos,

pidas un recuerdo

y

me desees a mí.

miércoles, 17 de junio de 2020

Tú no lo sabes. Y ojalá nunca lo sepas. Lo que es pasarte la vida intentando salvarte, viviendo al filo del abismo. Sintiendo la atracción de caer al precipicio. De dar un paso en falso. Intentando mantener los pies intactos, a este lado. 
Controlar cada movimiento cuando todos tus impulsos te empujan hacia delante. No lo sabes porque no te ha tocado vivirlo. Intuir que en cualquier momento, vas a dejarte llevar, y no en el buen sentido. Vas a soltar la rienda y va a salir desbocado el caballo sin domesticar que llevas dentro. 
Para ti la vida no es eso. No es buscar el equilibrio, mantener la rueda girando. No es rebuscar aquí y allá cualquier estímulo que te haga sentir en paz. Y atesorar esos instantes porque sabes que son escasos. No es hacer malabares para intentar encajar las piezas. A ver si así, consigues que se llenen todos los huecos. Tú no eres un mosaico. Pero algunas personas sí, seguimos dándonos forma. Distrayéndonos del caos. Manteniéndonos andando. Colocando naipes, a sabiendas, que cualquier viento va a derribar ese castillo. Y que esas paredes que pones como parches son un falso control: no puedes evitarlo. No hay nada que puedas hacer.

Sin embargo, sigues esforzándote por poner cada día otro ladrillo. Porque tú eres tan leve como una torre de cartas y necesitas todo un muro de contención para mantenerte en pie.
Me he cansado de esperar(te). De pensar que creamos una sinergia, que vibrábamos a la misma energía. Que sentimos la misma magia. Tu 'táctica y estrategia' fue una mentira. Tú no eras 'LA PERSONA', ni yo soy una isla; aunque me abrieras en canal como Venecia.

Aunque descubrieras rincones de mí donde yo no había llegado, y los conquistaras. No hay golpe de estado -ni mal- que cien años dure. No vas a pasar a la Historia como la Mujer de Verde que se adueñó de las tierras y los mares poniéndoles su nombre. Te lo aviso. El poder no reside en una bandera. No sólo dejaste caer el árbol, hiciste leña. Me lanzaste la piedra y no volví a ver tus manos. Te escondiste en una trinchera. ¿Acaso no batallábamos en el mismo ejército? ¿No nos cubríamos las espaldas, abrazándonos? ¿Cuándo me convertí en tu enemiga? Yo que juré tu espada. Que no sólo escribí las palabras, las pronuncié. Y siguen hablando por mí los hechos: 

Yo no he llenado tu vacío con cualquiera que me hiciera ver el vaso medio lleno.

lunes, 1 de junio de 2020

¿Cuánta culpabilidad reside en aquel que no olvida? Como si recordar fuese una patología. Un acto suicida. La sociedad tiene un límite estipulado. No te salgas nunca del cuadrado. Yo siempre fui un bicho raro, una revolucionaria. Una incendiaria. Todo lo contrario a quienes aman poco y a cualquiera. Yo al revés, demasiado y siempre mal. Por eso no borro una herida, si es cuestión de sangrar: cava profundo. Mete el puñal hasta el fondo. ¿Quiénes olvidan? ¿Los fuertes o los débiles? Tengo un millón de dudas existenciales. De cuestiones filosóficas febriles. Fértiles. No triviales. Analizo las emociones desde múltiples vértices. Una cirujana de lo espiritual. La anatomía del romanticismo clásico. En la eterna búsqueda de la belleza griega y el pensamiento socrático. Lanzo miles de hipótesis que refuto y rechazo, la incertidumbre es una fuerza de gravedad que me empuja hacia el pozo. Disecciono cada razonamiento en miles de prismas y aristas que conforman constelaciones de variables explicativas como un cuadro cubista. Yo no vi en ti a una musa, vi a LA ARTISTA. Convivo en un constante ring funambulista entre una racionalidad compulsiva y una sensibilidad explosiva.
En serio, ¿cómo ibas a pedirme a mí equilibrio? Yo sé escribirte un libro, llorarte un mar de sal en la orilla, si quieres. Pero no esperes que sea lineal, ni normal, porque no me sale.

lunes, 4 de mayo de 2020

A veces, te echo de menos de una forma caprichosa. La niña que pierde su juguete favorito. 

Y creo que lo sabes, y por eso, no vuelves.

Otras, en cambio, te quiero de una forma profunda, visceral y espiritual, a la vez, tan hondo, que estoy segura de romperme del todo si no apareces por la puerta.

Y creo que eso, también lo sabes, pero entonces, no entiendo porqué no vuelves.

Y cada vez que lo pienso, me rompo un poco.

jueves, 2 de abril de 2020

The Scientist

Cada noche que sueño contigo, el día me dura tres otoños. 
Entonces, cometo un crimen. Entro en bucle y no hay quien me pare. 
Y me hago la guerra por no poder hacerte el amor. 
¿Sabes? Siempre he tenido las manos rotas: rompo todo lo que toco.  Por eso dejé de tocarte. Porque pensaba que si me quedaba muy quieta podría engañarme a mí misma: romper la ley, deshacer lo escrito. 
Hay veces que me siento como si estuviera atrapada dentro de un coche que corre muy deprisa y no soy yo la que conduce. Sé que va a llegar la pared, pero no sé cuándo. Y no puedo frenarlo.

Yo creé la pared entre nosotras para que no te estrellaras conmigo.
Ojalá lo sepas. 

viernes, 24 de enero de 2020

¿A quién crees que engañas? Me pregunto. Estás muerta de miedo. No has saltado todavía al precipicio. No te has dejado caer por miedo a no soportar el impacto. A sentirte por el cielo y acabar por el suelo sola. A que se vuelvan a ir. No es por falta de magia en el mundo, es tu falta de ganas. Cuántos pasos has dado que te han alejado de tu centro. Date cuenta. Cuánto tiempo ha pasado y no vas a volver a tumbarte sobre su cuerpo. ¿No te has dado cuenta aún? No te aferras al clavo, te lo clavas. No es que no pasen tus trenes, es que nunca te subes. Esperar desespera, aunque sea en segundo plano. Aunque sea a corazón cerrado. No puedes no tenerlo todo bajo control porque te descontrolas. Porque te vacías. Y es por eso que nadie te llena. Porque sólo te quedan huecos por dentro, y si alguien se asoma, se escucha el eco.