No sólo necesito tener mi lengua en tu boca, mi mano entre tus piernas, para sentirme bien. Lo que más odio es este tedio. Avalancha de emociones nuevas que no llueven, ni nuevos senderos. Las mismas viejas zapatillas, los mismos viejos pasos (y fracasos).
Tienes que irte para poder echar de menos estar aquí, como cuando no vienes a verme. Cuadernos de bitácora en este habitáculo.
Pero su risa sigue siendo espectáculo...