de quien ve en tu iris el infinito, el futuro,
más aventuras que Julio Verne.
Te miraré con ojos de lunes,
si vuelves a verme.
De quien quiso y no pudo.
No te pedí que lo dejaras,
me perdía el escudo, nunca el orgullo.
Hoy sé que no eres el amor de mi vida,
ni yo el tuyo.
Pero te quise casi como,
por si aca.
Con un amor símil a Romeo y Julieta,
casi nos mata.
Te escribí versos, locos, rasgados, funcionales,
nos quisimos a morir,
a morirnos con malas artes,
mártires de artes marciales.
Cada palabra, un golpe en la mesa.
Ahora entendí que los amores no duran para siempre,
y ya no me pesa.
Te tenía clavada en el pecho como una espada,
quien nunca me abandonará es la ansiedad generalizada.
Te hice las rimas al estilo artesano,
el amor parisino,
el desayuno en la cama,
italiano.
En la orilla de mi memoria poética,
no borrarán tus recuerdos
ninguna ola de amor de verano.
Toda mi vida es una metáfora,
te desearé toda la felicidad del mundo,
aunque quizás todavía no.
Mis heridas siguen abiertas,
pero al menos,
ya no las salo.
Ya no alimento el dolor,
lo exhalo.
Estamos de prestado,
memento vivere,
lo bueno y lo malo.
[Hay quien ve sus demonios fuera, yo los llevo dentro.
Hay quien le urge hurgar en el centro por hacer purga y poderlos matar...
Les diría: ten cuidado, no te vayas a equivocar,
y te cargues al poeta.]
y te cargues al poeta.]