miércoles, 17 de junio de 2020

Tú no lo sabes. Y ojalá nunca lo sepas. Lo que es pasarte la vida intentando salvarte, viviendo al filo del abismo. Sintiendo la atracción de caer al precipicio. De dar un paso en falso. Intentando mantener los pies intactos, a este lado. 
Controlar cada movimiento cuando todos tus impulsos te empujan hacia delante. No lo sabes porque no te ha tocado vivirlo. Intuir que en cualquier momento, vas a dejarte llevar, y no en el buen sentido. Vas a soltar la rienda y va a salir desbocado el caballo sin domesticar que llevas dentro. 
Para ti la vida no es eso. No es buscar el equilibrio, mantener la rueda girando. No es rebuscar aquí y allá cualquier estímulo que te haga sentir en paz. Y atesorar esos instantes porque sabes que son escasos. No es hacer malabares para intentar encajar las piezas. A ver si así, consigues que se llenen todos los huecos. Tú no eres un mosaico. Pero algunas personas sí, seguimos dándonos forma. Distrayéndonos del caos. Manteniéndonos andando. Colocando naipes, a sabiendas, que cualquier viento va a derribar ese castillo. Y que esas paredes que pones como parches son un falso control: no puedes evitarlo. No hay nada que puedas hacer.

Sin embargo, sigues esforzándote por poner cada día otro ladrillo. Porque tú eres tan leve como una torre de cartas y necesitas todo un muro de contención para mantenerte en pie.

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