¿Cuánta culpabilidad reside en aquel que no olvida? Como si recordar fuese una patología. Un acto suicida. La sociedad tiene un límite estipulado. No te salgas nunca del cuadrado. Yo siempre fui un bicho raro, una revolucionaria. Una incendiaria. Todo lo contrario a quienes aman poco y a cualquiera. Yo al revés, demasiado y siempre mal. Por eso no borro una herida, si es cuestión de sangrar: cava profundo. Mete el puñal hasta el fondo. ¿Quiénes olvidan? ¿Los fuertes o los débiles? Tengo un millón de dudas existenciales. De cuestiones filosóficas febriles. Fértiles. No triviales. Analizo las emociones desde múltiples vértices. Una cirujana de lo espiritual. La anatomía del romanticismo clásico. En la eterna búsqueda de la belleza griega y el pensamiento socrático. Lanzo miles de hipótesis que refuto y rechazo, la incertidumbre es una fuerza de gravedad que me empuja hacia el pozo. Disecciono cada razonamiento en miles de prismas y aristas que conforman constelaciones de variables explicativas como un cuadro cubista. Yo no vi en ti a una musa, vi a LA ARTISTA. Convivo en un constante ring funambulista entre una racionalidad compulsiva y una sensibilidad explosiva.
En serio, ¿cómo ibas a pedirme a mí equilibrio? Yo sé escribirte un libro, llorarte un mar de sal en la orilla, si quieres. Pero no esperes que sea lineal, ni normal, porque no me sale.
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