Me has dejado un vacío que no cesa
como un agujero negro
en el centro del pecho.
Como una vorágine
que absorbe todo a su paso.
Y desde entonces,
nada me sacia.
Nada permanece.
Eres una nube gris sobrevolando mi cabeza.
Y cuando quieres, llueves
-tú que siempre dijiste ser agua
y yo que nunca te creí-.
No existen teclas para borrarte.
No hay lugar donde huir
porque te llevo dentro.
Esta ambivalencia
es una bomba a presión,
y cuando estalla,
lo mancha todo de palabras.
Esta resaca de ti parece no tener fin,
es cíclica como las olas
y a mí que sólo me curaría estar contigo a solas...