domingo, 14 de octubre de 2018

Me has dejado un vacío que no cesa
como un agujero negro
en el centro del pecho.
Como una vorágine 
que absorbe todo a su paso.
Y desde entonces, 
nada me sacia.
Nada permanece.
Eres una nube gris sobrevolando mi cabeza.
Y cuando quieres, llueves
-tú que siempre dijiste ser agua
y yo que nunca te creí-.
No existen teclas para borrarte.
No hay lugar donde huir
porque te llevo dentro.
Esta ambivalencia 
es una bomba a presión,
y cuando estalla,
lo mancha todo de palabras.
Esta resaca de ti parece no tener fin,
es cíclica como las olas
y a mí que sólo me curaría estar contigo a solas...

miércoles, 10 de octubre de 2018

Ojalá la comodidad te sea cómoda, 
la levedad, soportable,
la quietud te sea pacífica
y el olvido afable. 
Se me van a saltar los puntos
de leerte en voz alta.
Me va a quemar el asfalto
de volver a andar los caminos
que me llevaron a escribirte.
Me va a abrir en canal la herida.
Y a brotar cada verso
de cada beso
de cada universo
que conspiró
para que cada noche
te durmieras en mi torso
y en mi reverso.
Todas las velas que quedaron encendidas
de cada aniversario que no cumplimos,
que no soplamos.
Ya sabes, amor,
que a mí siempre me duele el pasado.
Pero por tu culpa -o por la mía-,
o por la de ambas,
desde que no estás,
desde que no deambulas en pijama,
me sangra el futuro.
Me sangra la cama.
Desde que no estás.
Y, sin embargo, estás 
en cada propósito proscrito,
en cada rareza escrita
-y prescrita-,
en cada depósito de tristeza.
Tengo las bolsas de los ojos 
llenas de lágrimas que no suelto.
Cóbrate, pero de cambio,
vente de vuelta.