No sé cómo has aparecido. Así de repente, y desde entonces, tengo una sonrisa que une continentes: de lado a lado. Desde entonces, no duermo, pero te sueño despierta. Y también te vivo, que es mil veces mejor. Estás invadiendo todos los espacios, incluso a mí. Estás rompiendo todas las barreras, los obstáculos. Lo estás haciendo tan fácil que no entiendo porqué antes me resultaba tan difícil. Es justo como esperaba: inesperado, natural, fluido. Eres justo como esperaba: imperfectamente perfecta. No me lo creo la mitad del tiempo. La otra mitad, no lo asimilo. Te miro y pienso: ¿cómo has llegado hasta aquí? ¿De dónde has salido? No sé porqué yo, ni qué has visto en mí. Pero nunca dejes de mirarme de esa forma. Contigo no marco el ritmo, no calculo las horas, no controlo el lugar, no necesito espacio. Contigo siempre quiero un poco más, siempre te echo un poco de menos, incluso cuando estás, los últimos 5 minutos antes de irte. Debería estar prohibido despedirnos. Es inhumano. Estoy rendida, no hay nada que hacer, no voy a fingir, no lo voy a ocultar. Te cedo el poder de hacer conmigo lo que quieras.
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