miércoles, 28 de marzo de 2018

En el plano metapoético: te quiero,
en el hecho tangible: no. 

viernes, 23 de marzo de 2018

Cariño, estoy rota en mil pedazos, ¿quién va a querer a(r)mar este puzzle?

lunes, 19 de marzo de 2018

Redención

Últimamente siento el impulso imparable de escribir, o de escribirte, que a fin de cuentas, es lo mismo.

Quizás ahora que la soledad romántica acecha más que nunca, que la necesidad se hizo a un lado, es cuando queda lo real: la única verdad sin contaminar. Pero yo ya estoy hecha a estos barros, a estos lares, estoy más que curtida a esta batalla que es, en realidad, una dulce redención.
Es hora de quitarse la armadura, el chaleco antibalas, de tirar la muralla y bajar las barreras, de mandar los soldados a casa. El invierno ha sido largo. 
Pero he dejado que la tierra haga barbecho y ahora toca volver a sembrar, he aireado la herida para que suture y cicatrice y ya puede florecer. 
He aprendido a convivir con los viejos clavos, que, al final, se tornan sólo astillas, y que, las heridas son sólo recuerdos de guerras a las que sobrevivimos: invencibles.

Es hora de besar con el corazón en la mano y las verdades en la boca.

domingo, 18 de marzo de 2018

Bodas de Sangre

"Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque!",
Lorca.

domingo, 11 de marzo de 2018

Reina de Tebas, te vas.

Si pudiese volver atrás, conquistaría Roma, todas esas ruinas, y plantaría peonias para hacerte una corona y llenarla de jirones con tu pelo. Ganaría la guerra a Grecia para dictaminar: "ella es vuestra Venus, esculpid, helenística, a la pintora". Vencería Egipto, liberaríamos a los esclavos, serías mi Nefertiti, la reina de Tebas, la que vuela. Y haríamos de Japón un paisaje de cerezos en flor y senderos de agua para tus acuarelas. 
Amaneceríamos en París, y no para colgar ningún candado con un letrero que le diga al mundo entero que tú y yo, amor, nos quisimos aquí, sino para colgarme cada noche de tu cuello y llenarte todas las esquinas del Montmartre de versos de película, y así, colonizar todo un imperio con tu nombre y que la Historia, como yo, nunca se olvide de ti.



Tú, nunca te olvides de mí.

martes, 6 de marzo de 2018

Síndrome del Aniversario

Nunca me permito verte. No me permito mirar por la rendija de la ventana del pasado -que es el único lugar donde ahora estás- porque se abre el cielo y pare un temporal, y me llena toda la casa de goteras y vacío. Como cuando faltaba un día para encontrarnos en la estación, como el puto segundo que separaba tus labios de los míos. Y si entonces no sabía cómo parar el tiempo, ahora no sé cómo parar el viento. 
Creo que la última vez que (no) nos vimos te robé por un instante nimio el bajar la guardia, el hacer las paces, pese a que no quisieras -ni te convenciera- mi bandera blanca. Casi que me valió, el armarme de valor, aunque me temblara el alma y la voz, aunque me temblara el amor que nos tuvimos y las piernas. Como aquellas noches. 

Pero la curiosidad ha matado más olvidos que llamadas de madrugada.

Eras mía, y no per se, pero sí por sí: porque yo sí lo era. Y desde entonces, nadie. Ninguna de las que ha besado tu herida me ha calentado los huesos, me ha sacado el corazón de la chistera, de la trinchera, y ha hecho magia. 

Ojalá te quiera bien, pero ojalá nunca le pintes.