Como dijo Sabina: "apenas llegó, se instaló para siempre en mi vida. No hay nada mejor que encontrar un amor a medida".
Aquel día, aquel segundo, cuando me abriste la puerta,
no la había más guapa.
No sé si fue el efecto de cómo me miraste,
que algo me caló hasta los huesos,
y supe que me ibas a llover.
Y me lloviste, metafórica y literalmente, a besos.
Yo que estaba deseándolo desde que me abriste.
Y desde entonces no ha parado.
Ya no me imagino la vida al otro lado de la puerta, fuera.
No me imagino la vida al otro lado de tus ojos, donde no miras, donde no me reflejo.
Al otro lado de tus labios, donde no hay besos.
Donde no te toco, en el espacio fuera de tus abrazos.
Es verdad que te cambia la vida cuando menos te lo esperas,
cuando menos lo esperaba... Pero cuánto te estaba esperando.
No podía imaginar que fueses tan exacta, que tus manos encajaran tan perfectamente con las mías.
Que los sueños que me creas contrarrestaran los miedos que me creo.
Llámalo magia.
Has llegado puntual, para convertir los p(r)o(bl)emas en poemas y la amar(g)ura en amar-cura.
Has hecho el futuro emocionante. Las mariposas en el estómago volaron y se anidaron en mi garganta, por eso a veces se me enredan las palabras, colapsan y eclosionan cuando hablamos de lo importante.
Tengo el corazón enredado con las líneas de las historias hipotéticas que nos contamos. Quiero cumplirlas, quiero cumplirte, no las promesas, los versos y los besos que te escribo en el papel y en los labios.
Para que nunca te quedes con las ganas, ni con las dudas, y siempre te quedes conmigo.