Me dan miedo las alturas, me dan pánico. También las metafóricas. Y sin embargo, quiero saltar al vacío contigo. Aunque no sepa qué me encontraré en el suelo, mereces el salto y la pena. Lo supe cuando cruzamos nuestra mirada entre tantas miradas que no dicen nada. Sin que nadie lo supiera, nosotras sí. Me diste la mano y me cogiste el corazón. Me abrazas y es como si me acomodaras por dentro, todas esas partes rotas. Yo que siempre he estado en guerra, he descubierto que cabe toda la paz mundial en el espacio de tu cuello. Eres un mar en calma y aún así, me llenas de olas. Y yo quisiera llenarte de primeras veces. Pero me atas de manos y me quedo impasible ante lo imposible. ¿Qué hacemos con la magia? ¿El viejo truco de hacerla desaparecer? Me miras fijamente a matar y yo me muero. Cuando me dejas sin palabras, se me escapan todas aquellas que nunca supe pronunciar como si me hubieras enseñado un lenguaje nuevo. Un mundo nuevo. Como si siempre hubiera conocido el tuyo.
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