martes, 14 de agosto de 2018

He abrazado otros cuerpos en busca de tus huesos 
y se me han clavado por no ser los tuyos. 
Tengo memorizado tu peso exacto encima de mi pecho.
El olor de tu cuello, 
las pinceladas de tus manos, 
las líneas de tus labios. 
Tengo memorizado el tono de azul exacto de tus ojos, 
el de por la noche 
y del que se vuelven cuando entra el sol por la mañana. 
Sé cuánto miden tus dedos.
Tus pestañas.
Y cuánto tu espalda en besos. 
Sé que casi tus lunares forman Casiopea
y la primera vez que los vi fue como una llama-da. 
Acabo de recordar el de tu iris. 
Ya se van difuminando los detalles. 
Pero tengo memorizadas cosas tan íntimas que no puedo escribirlas, ni describirlas, porque sería como volver a desnudarte, pero en público. 
En un público vacío. 
Y nadie se merece verte como yo. 
Es un privilegio que me guardo.
Y.
Joder.
¿Cuánto hace ya que no te miro,
que no recordaba ese lunar?
No quiero olvidarlo.


Quizás 
ése sea el problema.

martes, 7 de agosto de 2018

SAUDADE

Me besaste en la boca del estómago a bocajarro.
Y me dejaste con el alma desarmada.
Hasta la médula.
Hasta el origen.
Cuando te vi,
se hizo el Big Bang
y todo explotó.
Dejó de existir el universo.
Y arraigaste tú,
en el epicentro.
Floreciste en un terreno desértico.
Árido.
Y fuiste plantando peonias,
tulipanes, amapolas, girasoles.
Y casi me convences de que el amor existe,
de facto.
Y no es sólo una construcción social,
el impacto de la dependencia.
Una ilusión óptica,
una verdad a medias,
una mentira piadosa.
Una idealización del pasado en retrospectiva.
Casi me convences.
Joder.
Casi esta ambivalencia se rinde a tus pies.
Pero cambió la estación
y llegó Siberia
en pleno verano.
Y hubo ríos
y cascadas
y mares
y vientos
y glaciales
que han seguido congelándose
hasta anestesiarme.
Toda mi memoria poética lleva tu nombre.
Felicidades.
La artista se convierte en musa.
La escriben
y la lloran
y la recuerdan
y la aman
y la besan en sueños.
Porque dejó de fumar
y se esfumó.
Y ha dejado versos
y castillos en el aire,
besos de despedida
que no han ido a ninguna parte.
Abrazos sin destinataria,
cartas sin remite.
Un olvido magnánimo.
Un ánimo desanimado.
Un dolor sin grillete, ni límite.
Hasta hacer de la introspección, arte,
para buscarte
y volver a verte.
La única forma que ahora tengo de encontrarte.

domingo, 5 de agosto de 2018

Cabo Sardão

Me vi de pie 
encima de aquellos acantilados
y pensé 
que tú me hacías sentir el mismo vértigo.