He abrazado otros cuerpos en busca de tus huesos
y se me han clavado por no ser los tuyos.
Tengo memorizado tu peso exacto encima de mi pecho.
El olor de tu cuello,
las pinceladas de tus manos,
las líneas de tus labios.
Tengo memorizado el tono de azul exacto de tus ojos,
el de por la noche
y del que se vuelven cuando entra el sol por la mañana.
Sé cuánto miden tus dedos.
Tus pestañas.
Y cuánto tu espalda en besos.
Sé que casi tus lunares forman Casiopea
y la primera vez que los vi fue como una llama-da.
Acabo de recordar el de tu iris.
Ya se van difuminando los detalles.
Pero tengo memorizadas cosas tan íntimas que no puedo escribirlas, ni describirlas, porque sería como volver a desnudarte, pero en público.
En un público vacío.
Y nadie se merece verte como yo.
Es un privilegio que me guardo.
Y.
Joder.
¿Cuánto hace ya que no te miro,
que no recordaba ese lunar?
No quiero olvidarlo.
Quizás
ése sea el problema.
ése sea el problema.