No hay quimeras, filosofía ni ciencia, que consigan transformar lo imposible en posible. No hay poesía o metafísica para hacer la utopía, factible, ni para salvarnos de lo inefable. Subimos tan alto que llegamos a las nubes, y cuando llegó el otoño y comenzó a llover, lo nuestro, empezó a hacer aguas. Se formaron grietas y goteras por mi cuarto, y empezó a caer la imposibilidad por las paredes y por el techo, como un goteo constante imposible de ignorar, calándonos hasta los huesos. Helándonos de frío.
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