Cada noche que sueño contigo, el día me dura tres otoños.
Entonces, cometo un crimen. Entro en bucle y no hay quien me pare.
Y me hago la guerra por no poder hacerte el amor.
¿Sabes? Siempre he tenido las manos rotas: rompo todo lo que toco. Por eso dejé de tocarte. Porque pensaba que si me quedaba muy quieta podría engañarme a mí misma: romper la ley, deshacer lo escrito.
Hay veces que me siento como si estuviera atrapada dentro de un coche que corre muy deprisa y no soy yo la que conduce. Sé que va a llegar la pared, pero no sé cuándo. Y no puedo frenarlo.
Yo creé la pared entre nosotras para que no te estrellaras conmigo.
Ojalá lo sepas.
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