Escuchar tu música
sólo para recordar cómo era estar contigo.
Y otras formas dolorosas de dulcificar la herida hasta cronificarla.
viernes, 21 de junio de 2019
domingo, 9 de junio de 2019
martes, 4 de junio de 2019
Me gustaría callarme.
Que el silencio hablara por mí.
No escribir.
No escribirte.
Todo va bien.
Normalmente bien.
Aburridamente bien.
Esta tranquila
felicidad estable.
felicidad estable.
Lineal.
Pacífica.
Me sabe a muerte.
A última calada del cigarro.
A guerra interna.
No sé ser vacua,
ser una.
Porque yo soy tantas.
Convivo con un sinfín de personalidades aleatorias que buscan coger un sitio.
Hacerse hueco.
Estar al mando.
A estas alturas,
el lector ya sabrá de mi alegoría,
de mi tragedia griega.
Siempre honoris causa a una Venus.
A la Venus de turno.
El amor se superpone a otro plano.
Al que no llego.
Supongo que sólo sé ad-mirarlas
y nunca amarlas.
Como al arte cuando no lo comprendes.
Como yo, cuando no me comprendo.
-¿Cómo vas a olvidarme si eché raíces dentro de ti?-.
La primera premisa: el amor,
la segunda, la guerra.
Mi antagonía poética.
La búsqueda del es muss sein.
Lo demás, nada.
Vacío existencial.
Voy acumulando olvidos,
fracasos,
en una espiral de diógenes emocional.
¿Dónde se reciclan las sensaciones cuando ya no laten?
Deberías venir a regar tu recuerdo.
-No puedes sentirte completa porque yo cargo con una mitad-.
Quizás sólo vea de ti las sombras dentro de mi caverna.
Las formas,
dentro de este cuadro abstracto.
dentro de este cuadro abstracto.
Reduccionismo de proyección.
Yo soy así de básica.
Tú me das un globo
y aún así, no soy feliz,
porque sólo quiero el aire.
-¿Recuerdas cuando un día me besaste mientras dormía
y sonreí?
Pues creo que la felicidad debe ser eso-.
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