sábado, 29 de agosto de 2020

¿Cómo ibas a volver para abrazarme,
si te convertiste en la venus de Milo? 

Ojalá hubiéramos sido algo diferente, diferente a lo común, a lo establecido. No hubiéramos seguido esa norma no escrita que dice que dos personas que se unieron, pero que no pudieron, no supieron o no quisieron seguir juntas deben dejarse atrás como si fuésemos un objeto del cual uno se deshace. El olvido nos despersonifica, nos roba algo que es nuestro: una parte de nosotros, de nuestra historia. Yo hubiera querido tenderte mi mano, no para que volvieras a besarla, sólo por si alguna vez la necesitas para sujetarte. Hubiera querido seguir escuchándote hablar de las cosas que llevas dentro y quizás contarte yo sobre aquellas que, creo, sólo me entendías tú. Quererte sin necesitarte fue la forma más bonita que tuve de quererte. Quiero decir, que no necesitaba que hubiera amor romántico entre tú y yo, no fue por lo que me dabas: sino por lo que eras. Ojalá tú me hubieras correspondido de esa forma. Pero nunca viste a la persona. 

Una vez al mes, me acuerdo de ti, tan fuerte, que pienso que el tiempo es una unidad de medida diferente en mi idioma. Entonces, mientras me duermo, quiero alargar la mano hasta llegar a la que era tu cama como si aún estuviese la tuya, esperándome. Quizás no te olvide, porque por este exceso de memoria nunca me olvido del todo de nada o quizás porque el amor para mí es otra dimensión. Ya lo sé: qué bien se me da la teoría y qué mal la práctica. Entiéndeme, nunca tuve mucha experiencia. Fuimos dos aviones que despegaron del mismo lugar, pero que, cuando llegaron las turbulencias, aterrizaron en sitios diferentes. En definitiva, estoy llena de metáforas, ojalá tú no hubieras sido sólo una de ellas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario