jueves, 29 de noviembre de 2018

Ojalá nunca desees que llueva, que se abra el cielo, que vuelva el caos, la tormenta de arena. Nunca quieras guerra. Nunca te aburra tanta paz. Eches de menos la mar picada, las olas, el viento, que un ciclón arrase con todo. No esperes que un tornado te remueva el suelo, te saque del letargo, de esa rutina tan planificada, tan perfecta. De la apatía. Ojalá nunca desees que una sonrisa te corte el aire, te paralice, te rompa los esquemas
y sea la mía.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Cualquiera diría que me come la tristeza
y se me agrietan las manos,
si leyeran lo que escribo.
A veces te busco
como quien pisa charcos adrede
porque necesita que la vida le salpique.
Hubiera jurado que no eras capaz.
Pero mírate.
Eres la artista del silencio.
La maga del escapismo.
La chica invisible.
Tu recuerdo no merece provocarme tanto ruido.
Pero mírame,
estoy subiendo escalones que me llevan al cielo.
Una escalera que está dentro de mí misma,
aunque mis estados anímicos
sigan el patrón de un cardiograma.
He aprendido a ser quien soy
y a pulirme por los bordes.
A salirme de mis propios límites,
de mis costuras.
Tengo una ciudad entera a mis pies,
aunque esta vez no vea los cuadros de tu mano.
Aunque siempre vea algunos cuadros desde tus ojos.
¿Cómo no amar lo que amabas?

domingo, 11 de noviembre de 2018

A veces siento el vértigo de las alturas
y me refugio en la cama.
Y apago las luces 
como si pudiera apagar el mundo con los dedos.
Con mi voluntad.
No sé ser feliz. 
La felicidad es un torrente de lava 
corriendo detrás mía.
Por eso siempre tengo prisa.
Por eso, al revés que todos,
entro en guerra con el universo 
cuando más me doy por vencida.
Cada uno se rinde a su manera.

Siempre estoy huyendo.
Nunca sé quedarme.
Pero ojalá, tú, te hubieras quedado.