domingo, 17 de febrero de 2019

Nunca supe vivir en equilibrio.
Fui feliz hasta el punto
de echar de menos la melancolía.

Se fue para regalarme la tristeza.

martes, 5 de febrero de 2019

Has destruido todos los puentes.
Has dinamitado todos los caminos.
Como una explosión controlada que me hizo saltar por los aires 
-muy lejos de ti-. 
Así nos derribaste.
Como quien tira abajo un edificio 
y no vuelve a mirar atrás.
Ruinas y cenizas.
Y una flor en mitad 
que a veces riego.
Es un mecanismo convulso para que esa parte de mí
no desaparezca del todo.
De que el olvido no me pase por encima.
Sé que algún día todo acabará.
Dejaré de sostener ese muro de carga.
Y tú oirás el estruendo.
Porque el silencio es más fuerte que el ruido.
Entonces, no me echarás de menos.
Ya lo sé.
Pero sí te preguntarás a dónde vuelan ahora mis palabras.

domingo, 3 de febrero de 2019

Te lo he escrito de mil maneras.

Aún te siento a carne viva. Me sublevo y me resisto al olvido: no pasará. Sigo siendo amante de las causas perdidas. Si bajo la espada, si lo dejo ir, te vas a ir. Nos vamos a ir. No puedo olvidarnos. No hay autodestrucción para lo nuestro. ¿Fue real? En el adiós, sólo me dejaste la duda. Ahora, tengo el mar en los labios: el agua salada. Y los tuyos que no besan mis manos. Me fui muy lejos, cientos y cientos de kilómetros. 
Pero aun así, 
tu recuerdo siempre me moja los pies.