miércoles, 29 de noviembre de 2017

O (Fly On)

Sé lo que piensas, amor. Que te llamo cuando estoy rendida, sin fuerzas para no buscarte. Cuando llueve ahí afuera, pero más aquí adentro. Cuando el frío cala y el dolor se cuela, cuando pasa cualquiera y lleva tu olor. 

Nada más lejos.
Últimamente soy más yo, ya sabes, como cuando me conociste.

Si me ves por ahí,
                  me verás sonreír.

Bastante en-paz, bastante empate con la vida. Voy 1 a 2 en el marcador del amor, pero ya remontaré. Aunque no sea hoy, ni mañana. No me urge, no tengo prisa, no tengo ganas de andarme por las ramas, de subirme de noche a los tejados, de dormir con nadie al lado derecho de la cama.

Tengo tantas cosas por contarte, cosas que no necesitas saber y que no quieres oír, pero, ¿sabes? ayer leí un poema tuyo en voz alta, y eso es una victoria. Aunque tú no lo escucharas.
Últimamente gano las batallas.
Estoy bastante en-paz, bastante empate con la ansiedad,
la mantengo a raya.

Hagamos un trato: llámame cuando te falle.

Quizás queden cosas por contarnos,
                          no nos besamos (del) todo ya.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Si alguna vez subieras el paso fronterizo,
bajaras la guardia,
no tendría que bajar los brazos.
Si alguna vez empatizaras,
y te vieras y me vieras con mis ojos,
abrirías el cerrojo
y cerrarías los lazos.
Si alguna vez me mirases con los párpados cerrados,
con el corazón abierto y el orgullo de lado,
verías los destrozos.
Mis mil pedazos.
Te enamorarías de mi infierno.
De mis huesos húmedos,
calados.
De mis labios cortados,
por el frío de este largo invierno.

Si alguna vez, yo, dejase de estar a la espera,
a la espera de no sé qué,
terminaría por salir el sol en el horizonte,
y llegaría la primavera.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Maremágnum

Estaba loca por mí como yo por sus huesos.
Tenía un laberinto en sus labios que acababa en su lengua.
Rozarnos era eléctrico.
Besarnos magnético.

Qué jodidas noches. Mañanas. Tardes.
Aquellos polvos se merecían un poemario.

Tiene mis huellas dactilares por toda su piel,
la toqué hasta llegarle al alma.

Nuestros cuerpos encajaban como un puzzle,
nuestros corazones como dos rompecabezas.

Tenemos una despedida pendiente,
espero que nos la cobremos.
Lo nuestro fue un maremágnum,
pero nos gustaban las tormentas.

Debería habértelo dicho:
no sé ser feliz.
Me encanta que duela
y que me laman las heridas.

Pero me olías a amor,
y me olías, amor.
Y no sé qué era más adictivo.