Está poniéndole alas a los relojes,
está poniendo alas a mi espalda,
está sacando las balas y los barrotes de esta celda,
plantando flores amarillas en mi selva,
como si me quisiera salvar.
Esta matando la tristeza,
-y la poesía-,
a besos.
En las manos,
en la boca,
en el cuello,
en los ojos.
Está apretando mi felicidad
con sus brazos,
mordiéndola
con sus dientes.
Arañándola
con sus manos.
Para que brote a mansalva,
y absorberla a base de saliva.
Deja que te beba,
deja que te escriba,
deja que te viva.
Déjate.