Yo quise apartarlas del camino.
Y tú ser piedra.
Y tú ser piedra.
¿Quién fue agua entonces?
Si tú fuiste quien la hizo,
¿por qué soy yo quien la paga?
Tengo las manos suaves de no abrazar rencores, de no guardar para mañana.
Tengo la carita llena de flores de sonreírle a tu recuerdo.
Aunque tu recuerdo
no se acuerde nunca de mí.
Tiré migas de pan para que volvieras a buscarme y no seguiste mi camino de baldosas amarillas.
En cambio, yo, con las hojas caídas de cada otoño, te escribí un libro.
Con las ojeras caídas te escribí un libro. Por no dormir. Para no soñarte.
Y ni siquiera lo has leído.
Y ni siquiera me has leído.