No sé qué me has hecho. Pero contigo se me escapan los suspiros y las palabras. Esas que siempre me dio tanto miedo decir. Se encadenan y se alinean solas para que las pronuncie. Las tengo en la punta de la lengua y cuando me besas, se hace inevitable. Lo nuestro es inevitable. Eres un sol y me tienes eclipsada. Me has dado tan fuerte, tan rápido, que no me ha dado tiempo a reforzar el muro, todo este escudo que me había impuesto, que me había creado. Y has entrado dentro. De mí. Cada segundo estás en mi cabeza. ¿Cómo no voy a enamorarme de ti, si la primera vez que nos abrazamos fue como si todos estos años nos hubiéramos echado de menos? Como si hubiese estado mucho tiempo fuera y por fin hubiera vuelto. Tienes un hogar contigo porque allí donde estás me siento en casa. Tienes un olor a felicidad, a qué bonita es la vida y qué suerte encontrarnos. No me lo explico, pero es que tampoco necesito preguntarme. Es tan de película que debe ser real. Que debe ser. Que es muss sein. Me das tanto vértigo... pero de ese de querer caer, dentro de ti. Me has recordado algo que había olvidado, has despertado todo aquello que estaba dormido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario