miércoles, 29 de diciembre de 2021
Lorquiana
martes, 23 de noviembre de 2021
La hecatombe
la hecatombe.
Despacio.
Como un tsunami.
Cuando primero el mar se mueve tranquilo
Se retrae para después vaciarse
Así soy yo.
Un mar en calma lleno de tempestades.
Tengo tantas olas...
Que quisiera ser marejada suave
para que tú vinieras a visitar mi orilla.
Para estar en silencio.
Y aun así escucharte.
martes, 5 de octubre de 2021
La piedra
Y tú ser piedra.
¿Quién fue agua entonces?
Si tú fuiste quien la hizo,
¿por qué soy yo quien la paga?
Tengo las manos suaves de no abrazar rencores, de no guardar para mañana.
Tengo la carita llena de flores de sonreírle a tu recuerdo.
Aunque tu recuerdo
no se acuerde nunca de mí.
jueves, 17 de junio de 2021
Las olas
Ni huir es sobrevivir, ni mirar hacia otro lado es olvidar. Las olas van a seguir llegando a la orilla aunque tú no bajes a la playa, el sonido del mar sigue vivo en la caracola, pese a que alguien se la llevara. No sé si me entiendes. No hay piedra, ni asfalto que impida que la naturaleza se abra paso, que el río siga su curso. Escucharás La bohéme de Aznavour y sabrás que hablará de mí. Voy a estar en todas las canciones del adiós, en todas las películas de historias inacabadas. En la melancolía y en la nostalgia, en la belleza de la tristeza. Sé que creé conexiones y asociaciones, carreteras mentales hacia lugares recónditos de ti, y cuando quieras viajar hacia dentro y sentirte de esa forma, te llevarán a mí.
sábado, 6 de marzo de 2021
sábado, 27 de febrero de 2021
Yo también me enamoré de la idea. Ya sabes, del mito, del concepto, del icono, no de la persona, en definitiva, del amor. Yo también le recé a la representación de una imagen que creé a mi semejanza. La utopía de la simbiosis, de la mitades que se equilibran, haciéndose libre. Yo también me puse una venda y la llamé enamoramiento. Porque autoengañarse sonaba menos romántico. Me quise creer tus mentiras y silenciar tus verdades, aquellas que susurrabas, mientras yo ensordecía por la euforia de tenerte cerca. Me lo dijiste sin decírmelo y no te quise escuchar. Me dejaste una puerta entreabierta a tu mundo interior y no quise entrar. Porque no te buscaba a ti, con tus defectos y tus manías, y todas esas cosas buenas que me atraían. La realidad nunca fue suficiente para mí. En cambio, me ofreciste todo lo que ansiaba en bandeja de plata a cambio de nada, algo que escribir, que sentir. El sueño, lo onírico, la metafísica, la poesía. Joder. Qué atractiva eras cuando me mentías, ¿cómo no me ibas a calar?