miércoles, 17 de junio de 2020

Tú no lo sabes. Y ojalá nunca lo sepas. Lo que es pasarte la vida intentando salvarte, viviendo al filo del abismo. Sintiendo la atracción de caer al precipicio. De dar un paso en falso. Intentando mantener los pies intactos, a este lado. 
Controlar cada movimiento cuando todos tus impulsos te empujan hacia delante. No lo sabes porque no te ha tocado vivirlo. Intuir que en cualquier momento, vas a dejarte llevar, y no en el buen sentido. Vas a soltar la rienda y va a salir desbocado el caballo sin domesticar que llevas dentro. 
Para ti la vida no es eso. No es buscar el equilibrio, mantener la rueda girando. No es rebuscar aquí y allá cualquier estímulo que te haga sentir en paz. Y atesorar esos instantes porque sabes que son escasos. No es hacer malabares para intentar encajar las piezas. A ver si así, consigues que se llenen todos los huecos. Tú no eres un mosaico. Pero algunas personas sí, seguimos dándonos forma. Distrayéndonos del caos. Manteniéndonos andando. Colocando naipes, a sabiendas, que cualquier viento va a derribar ese castillo. Y que esas paredes que pones como parches son un falso control: no puedes evitarlo. No hay nada que puedas hacer.

Sin embargo, sigues esforzándote por poner cada día otro ladrillo. Porque tú eres tan leve como una torre de cartas y necesitas todo un muro de contención para mantenerte en pie.
Me he cansado de esperar(te). De pensar que creamos una sinergia, que vibrábamos a la misma energía. Que sentimos la misma magia. Tu 'táctica y estrategia' fue una mentira. Tú no eras 'LA PERSONA', ni yo soy una isla; aunque me abrieras en canal como Venecia.

Aunque descubrieras rincones de mí donde yo no había llegado, y los conquistaras. No hay golpe de estado -ni mal- que cien años dure. No vas a pasar a la Historia como la Mujer de Verde que se adueñó de las tierras y los mares poniéndoles su nombre. Te lo aviso. El poder no reside en una bandera. No sólo dejaste caer el árbol, hiciste leña. Me lanzaste la piedra y no volví a ver tus manos. Te escondiste en una trinchera. ¿Acaso no batallábamos en el mismo ejército? ¿No nos cubríamos las espaldas, abrazándonos? ¿Cuándo me convertí en tu enemiga? Yo que juré tu espada. Que no sólo escribí las palabras, las pronuncié. Y siguen hablando por mí los hechos: 

Yo no he llenado tu vacío con cualquiera que me hiciera ver el vaso medio lleno.

lunes, 1 de junio de 2020

¿Cuánta culpabilidad reside en aquel que no olvida? Como si recordar fuese una patología. Un acto suicida. La sociedad tiene un límite estipulado. No te salgas nunca del cuadrado. Yo siempre fui un bicho raro, una revolucionaria. Una incendiaria. Todo lo contrario a quienes aman poco y a cualquiera. Yo al revés, demasiado y siempre mal. Por eso no borro una herida, si es cuestión de sangrar: cava profundo. Mete el puñal hasta el fondo. ¿Quiénes olvidan? ¿Los fuertes o los débiles? Tengo un millón de dudas existenciales. De cuestiones filosóficas febriles. Fértiles. No triviales. Analizo las emociones desde múltiples vértices. Una cirujana de lo espiritual. La anatomía del romanticismo clásico. En la eterna búsqueda de la belleza griega y el pensamiento socrático. Lanzo miles de hipótesis que refuto y rechazo, la incertidumbre es una fuerza de gravedad que me empuja hacia el pozo. Disecciono cada razonamiento en miles de prismas y aristas que conforman constelaciones de variables explicativas como un cuadro cubista. Yo no vi en ti a una musa, vi a LA ARTISTA. Convivo en un constante ring funambulista entre una racionalidad compulsiva y una sensibilidad explosiva.
En serio, ¿cómo ibas a pedirme a mí equilibrio? Yo sé escribirte un libro, llorarte un mar de sal en la orilla, si quieres. Pero no esperes que sea lineal, ni normal, porque no me sale.