miércoles, 19 de diciembre de 2018

¿Cómo voy a dejar que alguien me quiera, si soy una isla? Y nadie es capaz de nadar hasta esta orilla sin cansarse. Sin saltar por la borda antes de llegar(me).
Siempre me avisaste que eras de las que se iban sin mirar atrás, pero jamás pensé que podrías volver a verme de frente y mirar hacia otro lado, como si no nos colgara un hilo rojo entre los dedos. Quizás la magia no exista fuera de mí y sólo sea una proyección. 
Pero te observé atenta hacer tus trucos: cómo hacías desaparecer todos mis miedos, cómo me sacaste el corazón de una jaula de metal sin haberte dado la llave. Mi error fue no fijarme en el pañuelo blanco que sobresalía de tu manga. Sabías jugar conmigo al silencio, para mí que siempre fue ruido y conflicto, me enamoré porque lo convertiste en algo cómodo, en algo cálido. Hiciste del amor una moneda de cambio, equitativa, un arma de doble filo. 
Pero al final, siempre soy yo quien se acaba cortando.