sábado, 27 de febrero de 2021

Yo también me enamoré de la idea. Ya sabes, del mito, del concepto, del icono, no de la persona, en definitiva, del amor. Yo también le recé a la representación de una imagen que creé a mi semejanza. La utopía de la simbiosis, de la mitades que se equilibran, haciéndose libre. Yo también me puse una venda y la llamé enamoramiento. Porque autoengañarse sonaba menos romántico. Me quise creer tus mentiras y silenciar tus verdades, aquellas que susurrabas, mientras yo ensordecía por la euforia de tenerte cerca. Me lo dijiste sin decírmelo y no te quise escuchar. Me dejaste una puerta entreabierta a tu mundo interior y no quise entrar. Porque no te buscaba a ti, con tus defectos y tus manías, y todas esas cosas buenas que me atraían. La realidad nunca fue suficiente para mí. En cambio, me ofreciste todo lo que ansiaba en bandeja de plata a cambio de nada, algo que escribir, que sentir. El sueño, lo onírico, la metafísica, la poesía. Joder. Qué atractiva eras cuando me mentías, ¿cómo no me ibas a calar?

DONDE HUBO FUEGO,           
SIEMPRE QUEDAN CENIZAS.
Y COMO SE LEVANTE UN POCO DE AIRE,
VOLVEMOS A ARDER.