En algún momento
se me olvidó el puto milagro que fue coincidir.
Perdóname por eso.
Por acostumbrarme y normalizar.
Por haber llenado con mis cosas todo lo que te rodeaba,
sólo supe verlo en la distancia.
Por si te interesa,
a mí también me gustabas más tú,
tú
sin tanto
yo.
No había nada tan dulce
como la espera de hacer kilómetros para encontrarte,
de esperar a que tocases a mi timbre.
Aún tengo tu imagen
con tus manos metidas en los bolsillos
cuando Granada te abría mi puerta
y me abrazabas como si no nos hubiéramos visto en años.
-Y a mí también me tenías-.
Tengo esa deuda,
la de no haberme mostrado más frágil,
más.
Arrastro cosas de la infancia
que tú supiste leer sin escribírtelas.
Quizás compartamos las mismas ambivalencias.
Dicen "ningún amor muere, sólo cambia de lugar en la memoria".
Por eso siempre vas a tener una parte de mí que es tuya,
una sonrisa mía y una casa conmigo,
aunque no compartamos el mismo colchón,
porque siempre voy a llevarte donde esté.
Aunque tú no estés en Madrid,
ni en ningún Futuro.
Pero por todo lo Pasado.