lunes, 13 de marzo de 2023

P

Desde que te conozco no escribo. 
Y no es que no tenga nada que decirte, es que no tengo que poetizar la tristeza. Porque la tristeza se ha vuelto triste de no pensarla. De sólo poder pensarte. Y sonreír.

Siento si a veces veo gigantes donde sólo hay molinos. Pero cuando me abrazas, siempre, siempre, me siento en casa. Y dejo de jugar al pilla-pilla con los miedos. 

Ojalá te pase lo mismo, ojalá te sientas igual. Porque sí, hay personas que sin querer, a veces, llegan para colocar el dedo en la llaga, sin embargo, a mí me gustaría ser de las que van cosiendo y cicatrizando heridas a base de caricias y palabras. Hacerlo como tú. Que sin saberlo, cuando paseas tu mano por mi espalda, parece que me aflojaras poco a poco los nuditos del alma. 

Y lo sé, no es que crea que no podamos hacernos daño o que no sepa que estamos sosteniendo una bomba entre las manos. Es que siento que si estallase la guerra, habrás removido tantas cosas por dentro, que sólo podría salir más viva.


No hay comentarios:

Publicar un comentario