He prostituido la escritura.
Desde que te fuiste,
desde que pienso que quizás me lees.
Estoy condicionada.
He instrumentalizado cada palabra
hasta venderme.
Por si así volvías.
Y me he rebelado conmigo misma por jugar con las metáforas. Por usarlas y tirarlas. Por no llamarlas después.
Pese a ello, hubo un par de escritos genuinos. Te lo prometo.
De esos que se escriben cuando algo te golpea por dentro, cuando algo te desgarra -casi siempre una canción-.
Un par sólo de los que me enorgullezco.
Por los que, a veces, sí.
Vale la pena quedarme horas releyéndome sin dormir.
Dos o tres que merecías leer entre líneas.
Pero...
¿Y si sí me leíste?
¿Y si después de haberme roto aquellas noches, aun así, no te removió nada ni una sola vez?
Tengo un olvido selectivo y una memoria destructiva.
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