Cualquiera diría que me come la tristeza
y se me agrietan las manos,
si leyeran lo que escribo.
A veces te busco
como quien pisa charcos adrede
porque necesita que la vida le salpique.
Hubiera jurado que no eras capaz.
Pero mírate.
Eres la artista del silencio.
La maga del escapismo.
La chica invisible.
Tu recuerdo no merece provocarme tanto ruido.
Pero mírame,
estoy subiendo escalones que me llevan al cielo.
Una escalera que está dentro de mí misma,
aunque mis estados anímicos
sigan el patrón de un cardiograma.
He aprendido a ser quien soy
y a pulirme por los bordes.
A salirme de mis propios límites,
de mis costuras.
Tengo una ciudad entera a mis pies,
aunque esta vez no vea los cuadros de tu mano.
Aunque siempre vea algunos cuadros desde tus ojos.
¿Cómo no amar lo que amabas?
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