A veces siento el vértigo de las alturas
y me refugio en la cama.
Y apago las luces
como si pudiera apagar el mundo con los dedos.
Con mi voluntad.
No sé ser feliz.
La felicidad es un torrente de lava
corriendo detrás mía.
Por eso siempre tengo prisa.
Por eso, al revés que todos,
entro en guerra con el universo
cuando más me doy por vencida.
Cada uno se rinde a su manera.
Siempre estoy huyendo.
Nunca sé quedarme.
Pero ojalá, tú, te hubieras quedado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario