Siempre la observadora comedida, ajena. Nunca la activista pasional. Nunca lo suficientemente libre. Siempre con el deseo -como dijo Bunbury- que no quede el papel deshabitado. Nunca aquí, ni ahora. Siempre pensando en lo que pasará y en lo que pasó. Mis musas están de vacaciones siderales. Ni Nina las atrae ya, ni Monk, ni Art Blakey. Yo sé que quieren de mí, el desgarro, las nebulosas mentales, el desaliento. Pero yo no. Aunque, a sabiendas, cambiaría unos momentos de esas viejas sensaciones extremas, intensas, de a fuego, por el placer de unos de esos escritos de antes...
Sin ser amante, no escribo. Sin ser amante, no soy. Estoy sin ser.
¿Estoy?
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