"El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo". Qué vá. El huevo eres tú.
Volver a escribir-te. Volver a intentar romper. Pero tú te rehaces.
En cenizas, avivas el fuego. Me avivas a mí. Nunca podré dejar de escribir, dictar por última vez: "somos felices, y no hay nada más". Y no pasar página, cerrar el libro.
Cómeme la boca y deja en paz mi cabeza.
Me gusta los instantes de no-pensar, no por el mero hecho, sino porque son escasos. Quisiera invertir este falso equilibrio. Quisiera reinventarme. A veces, incluso, reventar. Pero me levanto. Y es otro día más.
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