Se acabó. Como ya predije, como sabía desde el reprimer-reprimido beso (cada beso en la boca es nada, como si no hubiera pasado nada). Porque ésa es su actitud, su espíritu, el mío, en cambio, es llorarle ríos de tinta, o de los otros, secarme las lágrimas en papeles metafísicos, o no. Y quizás, aun sin querer saberlo, sigamos jugando, y esta esfera de caos y drama tan atrayente sea otra pieza más, otro punto al punto suspensivo, que mantiene este suspense, que me deja aún suspensa. "La sensación de estar al filo es adictiva". Guño. Guiño al lector, y no, no de los otros.
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