Siempre dejo una puerta abierta. Nunca me comprometo del todo. No sé amar, tampoco olvidar. Siempre estoy en ese punto intermedio -que no en equilibrio-. No sabía que el caos era yo. Pero tu olvido me hizo de terapia, me obligó a la introspección más salvaje, más invasora. Y aún estoy enyesando uno a uno cada vacío de cada bala que dejó tu adiós.
Aquello que revivías en mí me estaba matando. Dormir a tu lado era acampar en mi zona de confort y yo necesito Siria, ¿no lo comprendes? Crecí entre bombas silenciosas y un campo de minas, ¿cómo iba a quedarme tumbada contigo en el césped a ver pasar la primavera? Intenté deshojar las margaritas para engañar al tiempo. Intenté saltar las estaciones, huir de ti para quedarme contigo. Ya sé que no es fácil de entender, que no soy fácil de entender.
Aquello que revivías en mí me estaba matando. Dormir a tu lado era acampar en mi zona de confort y yo necesito Siria, ¿no lo comprendes? Crecí entre bombas silenciosas y un campo de minas, ¿cómo iba a quedarme tumbada contigo en el césped a ver pasar la primavera? Intenté deshojar las margaritas para engañar al tiempo. Intenté saltar las estaciones, huir de ti para quedarme contigo. Ya sé que no es fácil de entender, que no soy fácil de entender.
Te habías metido tan dentro que ya no podía sacarte: me tenías, me tenías calada. Como autodefensa, tiendo a distanciarme de aquello que más necesito, es algo así, como una especie de rebelión del miedo. No supe permitirme ser vulnerable. Decir: "mira, sí, estoy jodida, porque a mí enamorarme me dura siempre, y el olvido, sólo a ratos, así que aquí me tienes, para hacernos el amor o para hacernos daño, pero de una forma u otra, vamos a acabar por los aires..."
No hay comentarios:
Publicar un comentario