Te lo he escrito de mil maneras.
Aún te siento a carne viva. Me sublevo y me resisto al olvido: no pasará. Sigo siendo amante de las causas perdidas. Si bajo la espada, si lo dejo ir, te vas a ir. Nos vamos a ir. No puedo olvidarnos. No hay autodestrucción para lo nuestro. ¿Fue real? En el adiós, sólo me dejaste la duda. Ahora, tengo el mar en los labios: el agua salada. Y los tuyos que no besan mis manos. Me fui muy lejos, cientos y cientos de kilómetros.
Pero aun así,
tu recuerdo siempre me moja los pies.
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