Has destruido todos los puentes.
Has dinamitado todos los caminos.
Como una explosión controlada que me hizo saltar por los aires
-muy lejos de ti-.
Así nos derribaste.
Como quien tira abajo un edificio
y no vuelve a mirar atrás.
Ruinas y cenizas.
Y una flor en mitad
que a veces riego.
que a veces riego.
Es un mecanismo convulso para que esa parte de mí
no desaparezca del todo.
De que el olvido no me pase por encima.
Sé que algún día todo acabará.
Dejaré de sostener ese muro de carga.
Y tú oirás el estruendo.
Porque el silencio es más fuerte que el ruido.
Entonces, no me echarás de menos.
Ya lo sé.
Pero sí te preguntarás a dónde vuelan ahora mis palabras.
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