jueves, 4 de agosto de 2011

Mariposa traicionera

Otra vez su jodida lengua volvió a posarse en mi boca, -mariposa traicionera-, a pasearse, a reinar. Volvió a dejarse seducir (inocente de mí), haciéndome creer que era yo quien movía ficha. Puto absolutismo que me absorbe y no me absuelve.
Y vuelve para no quedarse. Para volver a volver. -Déjame-, y me abraza en una órbita de silencio/ternura indescriptible, -quiéreme- y me convierto en ese trapo viejo del que se sirve para limpiar sus zapatos de sábado noche. ¿Y a quién le importa como está mi alma? A mí tampoco. ¿Por qué? ¿Por qué en su amor empalagoso, me atraen dudas relámpago, huracanes de ansia de soledad, crisis de identidad, excusas para alejarme? Pero en su áspera indiferencia, en el frío hastío, hábitat de nada habitual, regresan los celos enfermizos de antaño, la pose de posesividad que no reconozco, la espiral de drama platónico. No hay quien viva en este síncope, en este puente, sinsentido en sintonía. Cuatro julios y nada cambia.

1 comentario:

  1. Valeria, definitivamente te has hecho mayor. Escribes por fin, como debes. Sigue así.

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