Hoy he visto un vídeo tuyo que tenía guardado, olvidado. Y ahora lo entiendo. No es que haya idealizado el recuerdo. No he ido reconstruyéndote desde la distancia, desde la ausencia, como una escultora que va tapando imperfecciones, asimetrando los defectos, puliendo las líneas. Nunca te puse en un pedestal, inaccesible, espacial. Es que había algo del mismo sentido del amor y del humor, una sensibilidad común que te hacía especial para mí. No para mí, a mis ojos, entiéndase. Tú siempre fuiste muy tuya y desde que te conocí, yo también. Supongo que echar de menos -de verdad- no es solo aquello que te hacía sujeto activo: lo que me dabas, lo que me hacías sentir. Echo de menos mirarte desde fuera como si yo no estuviera y tu sonrisa no me buscara. Ese ángulo. Aunque ese ángulo incluía la certeza y el privilegio de irnos juntas después. Contigo poetizaba los matices. Avivabas eso. La rutina memorable. La sensación de intimidad y conexión profunda como constante. Y yo estoy hecha de esa necesidad como una adicta. Me tiraría al vacío por un poquito más. Por sentirme un ratito así. He visto tu vídeo y se me ha subido todo. De golpe. Como un pico de oxitocina: en ese lugar fui feliz. En ese lugar yo amé. Pero ese lugar es una persona y no existen carreteras para volver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario