No sé la razón. Qué quieres decirme o qué quiero decirte cuando te apareces en mis sueños. Ya (casi) no te recordaba. Pero vuelves a caer como una tormenta de verano. Y yo estoy en mitad de la carretera con un paraguas a medio deshacer esperando no mojarme. Tres noches consecutivas. Tres noches intentando salvarte de no sé qué catástrofes o, al menos, de quedarme contigo en ellas, bajo el volcán. Y la única catástrofe es que aquella vez no pude salvarte, ni tú a mí. Pero resultó que el amor no era, ni es eso. "No podría soportar perderte una segunda vez". Quizás los sueños son el escaparate del alma, donde me tiro verdades como piedras como si fuese arena en los ojos. Y menos mal que no volviste, porque sí, una vez sí, pero dos, no lo hubiera soportado.
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