Lo nuestro fue un error.
Un error matemático.
Hay una perfecta imperfección en los números.
Los decimales periódicos infinitos que nunca llegan a completarse.
A sentirse enteros.
Como tú y yo.
Fuimos casi.
Casi exactas.
Casi perfectas.
Pero en algún momento,
empezaron a brotarnos decimales de los labios.
Hasta que ya no supimos resolver la ecuación.
Al final, sólo nos quedamos con la incógnita.
Y yo resulté ser sólo un problema.
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