Me besaste en la boca del estómago a bocajarro.
Y me dejaste con el alma desarmada.
Hasta la médula.
Hasta el origen.
Cuando te vi,
se hizo el Big Bang
y todo explotó.
Dejó de existir el universo.
Y arraigaste tú,
en el epicentro.
Floreciste en un terreno desértico.
Árido.
Y fuiste plantando peonias,
tulipanes, amapolas, girasoles.
Y casi me convences de que el amor existe,
de facto.
Y no es sólo una construcción social,
el impacto de la dependencia.
Una ilusión óptica,
una verdad a medias,
una mentira piadosa.
Una idealización del pasado en retrospectiva.
Casi me convences.
Joder.
Casi esta ambivalencia se rinde a tus pies.
Pero cambió la estación
y llegó Siberia
en pleno verano.
Y hubo ríos
y cascadas
y mares
y vientos
y glaciales
que han seguido congelándose
hasta anestesiarme.
Toda mi memoria poética lleva tu nombre.
Felicidades.
La artista se convierte en musa.
La escriben
y la lloran
y la recuerdan
y la aman
y la besan en sueños.
Porque dejó de fumar
y se esfumó.
Y ha dejado versos
y castillos en el aire,
besos de despedida
que no han ido a ninguna parte.
Abrazos sin destinataria,
cartas sin remite.
Un olvido magnánimo.
Un ánimo desanimado.
Un dolor sin grillete, ni límite.
Hasta hacer de la introspección, arte,
para buscarte
y volver a verte.
La única forma que ahora tengo de encontrarte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario