Ya ni hay Oniria, ni hay insomnio. Pero sigo en parada cardíaca y nadie me revive. Tu olvido se me acaba y no me quedan tejados a los que subirme, paredes a las que enredarme. Nadie ha despertado nada, nadie ha encendido ninguna luz dentro. Tú me llenaste de luciérnagas. Y luego de vacío. Escucho tu canción y el espacio entero huele a ti. Y vuelve a dolerme. Pero sólo necesito apretar más la herida: hacerla sangrar, para sentirme bien.
Soy adicta, lo sé.
Soy adicta, lo sé.
Te echo de menos y no.
Siempre creí que acabarías de vuelta, aunque no para quedarte. Era tan atractiva la idea de volver a hacernos daño una última vez. De volver a despedirnos. De volver y revolver y volver y revolverte a ver desnuda.
Soy un volcán que no sabe que está provocando un incendio hasta que ve arder Pompeya.
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