Estaba loca por mí como yo por sus huesos.
Tenía un laberinto en sus labios que acababa en su lengua.
Rozarnos era eléctrico.
Besarnos magnético.
Qué jodidas noches. Mañanas. Tardes.
Aquellos polvos se merecían un poemario.
Tiene mis huellas dactilares por toda su piel,
la toqué hasta llegarle al alma.
Nuestros cuerpos encajaban como un puzzle,
nuestros corazones como dos rompecabezas.
Tenemos una despedida pendiente,
espero que nos la cobremos.
Lo nuestro fue un maremágnum,
pero nos gustaban las tormentas.
Debería habértelo dicho:
no sé ser feliz.
Me encanta que duela
y que me laman las heridas.
Pero me olías a amor,
y me olías, amor.
Y no sé qué era más adictivo.
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