sábado, 11 de septiembre de 2010

*

Mares de espigas dorados
mecidos por el viento,
plumas de seda
adornan sus ojos caoba,
de las que me sirvo para escribir,
sobre las líneas de su boca.
Noches estrelladas son,
si posa su mirada en mí.
Amor dulce en reserva,
hálito somnífero con el que me impregna.
Cielo azul añil.
Volveremos a encontrarnos lejos
cuando estemos cerca,
donde en sueños quepan paraísos insólitos
a los que escapar en barca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario